Ok. Este post surge de un poquito de bronca porque no se valora suficientemente el esfuerzo que uno invierte en profesiones artísticas. Para ser músico (hay virtuosos que no estudian, claro está, pero...) la mayoría del resto de los seres humanos tenemos que poner una gran cantidad de esfuerzo, recursos, tiempo y atención para hacer lo que amamos. Yo estudio musica (sisi soy musica aunque les pese a los que dicen que el canto lirico no lo es!!!) en un conservatorio hace como 7 años y sé lo que es que te basureen porque no sos nada si no tocas en el colón. Tengo muchos compañeros instrumetistas que por el momento (por diferentes razones: quedaron fuera en las audiciones, la falta de espacios para tocar en general, etc.) estan tocando en los subtes de Buenos Aires. Los ingoran, ya que la gente no tiene tiempo o lo que fuere. me reconforta saber que eso no pasa solo aca ("me reconforta" es un eufemismo por supuesto). Lo demuestra una noticia que mando un compañero del conservatorio y tiene que ver con la precariedad cultural y la diferencias sociales que existen en el mundo (sos pobre tocando en el subte ergo no te escucho, pero si tocás en el MET (Metropolitan opera de Nueva York) sos un virtuoso un genio excepcional...)
Cambio y fuera.
Cyn
Famoso violinista, inadvertido por todos
Joshua Bell tocó en forma magistral las piezas más exquisitas en el subte de Washington. Recaudó 32 dólares.
Agencia EFE
El famoso violinista estadounidense Joshua Bell demostró que, pese a tocar de forma magistral las piezas más exquisitas, si lo hace en el metro de la capital de Estados Unidos, los pasajeros pasan de largo ante el virtuosismo.
El experimento, planificado por el diario The Washington Post y publicado en su dominical de esta semana, consistía en observar la reacción de la gente ante la música tocada por Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, que aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo estadounidense.
El 12 de enero pasado, a las 7.51 de la mañana, el artista y ex niño prodigio comenzó su recital de seis melodías de diversos compositores clásicos en la estación de L´Enfant Plaza, epicentro del Washington federal, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo.
La pregunta que lanzó el rotativo era la siguiente: ¿Sería capaz la belleza de llamar la atención en un contexto banal y en un momento inapropiado?
En ese momento, Bell, ataviado con unos vaqueros, una camiseta de manga larga y una gorra, comenzó a emitir magia desde su Stradivarius de 1713 -valorado en 3,5 millones de dólares- ante las 1.097 personas que pasaron a escasos metros de él durante su actuación.
En los 43 minutos que tocó, el violinista (Indiana, 1967) recaudó en su estuche 32 dólares y 17 céntimos -donados a la beneficencia- , una cifra muy lejana a los 100 dólares que los amantes de su música pagaron tres días antes por asientos decentes (no los mejores) en el Boston Symphony Hall, que registró un lleno completo.
En cambio, en L´Enfant Plaza, alejado de las campañas de promoción de su arte, fuera de los grandes escenarios y con la única compañía de su violín, a Bell solo lo reconoció una persona y muy pocas más se detuvieron siquiera unos momentos a escucharle.
Pasaron tres minutos y 63 personas hasta que alguien se cercioró de que, efectivamente, una melodía sonaba en el subterráneo.
Un hombre de mediana edad fue el primero en apartar la vista del suelo, aunque fuera por un segundo, para dirigirla hacia Bell.
Treinta segundos después llegó el primer dólar y a los seis minutos alguien decidió pararse por un momento para apoyarse en una de las paredes de la estación y disfrutar de la música.
En total, fueron siete los individuos que detuvieron su marcha para escucharlo, mientras 27 decidieron contribuir a la "causa".
Aunque solo lo reconoció una mujer que había estado en uno de sus conciertos, en general quienes se pararon a escucharle percibieron que el artista no era un pedigüeño cualquiera.
El redactor del Post Gene Weingarten, que ideó el experimento, dijo hoy durante una charla con los lectores del diario que retrasó la publicación del artículo debido al premio "Avery Fisher", el más importante de la música clásica, que recibirá el artista mañana.